EL MUNDO – Inspirado colorido circense

La producción de la ópera de ‘L’elisir d’Amore’, de Donizetti, en el Teatro de la Maestranza sorprendió por situar el argumento en el mundo del circo inspirándose en una serie pictórica de Fernando Botero

Una escena de la ópera 'L'elisir d'amore' en el Teatro de la Maestranza.

Una escena de la ópera ‘L’elisir d’amore’ en el Teatro de la Maestranza.

Logo_ElmundoEl cantante y escenógrafo venezolano Víctor García Sierra ha fantaseado con la ópera L’elisir d’amore situando su argumento en ese circo mágico que inspiró una de las colecciones pictóricas más célebres del colombiano Fernando Botero. El resultado ha sido un espectáculo operístico de multicolor efectismo e intenso dinamismo, aspectos que han sustanciado su puesta en escena por la productora Nausica Ópera Internacional de Parma. Cambiar los postulados primigenios de una obra maestra como esta de Donizetti supone siempre un riesgo que en este caso ha quedado solventado y en cierto modo amortiguado por una calidad musical verdaderamente notable tanto en las voces solistas como en el coro y la orquesta, manejados con desenvuelta eficacia y resolutiva vitalidad por el maestro Yves Abel, uno de las prestigiosas batutas en el panorama lírico internacional y del que se aprecia, desde la anacrusa del primer acorde, la calidad artística de su difícil arte.

Tanto él como el director escénico han logrado generar el interés de un público sorprendido por el mantenimiento de las esencias del quinteto protagonista en el cambio de situación de la historia y por la indiscutible importancia de la plástica de Botero, presente ya antes de la representación en dos reproducciones murales de sus cuadros que enmarcaban el escenario. El director musical fue siempre fiel a la partitura realzando en cada instante la belleza de los pentagramas de esta ópera, uno de los ejemplos más genuinos del género cómico melodramático del siglo XIX. Abel transmitió vida y sutil patetismo sumándose desde el foso al jolgorio constante de la multitud atraída por el circo, muy bien encarnada por el coro que asumió con destreza vocal esa especie de mágico surrealismo plástico que irradiaba la dirección escénica, sin duda, uno de los secretos de esta representación.

Salvo la irregular vis cómica del barítono búlgaro Kiril Manolov, que no terminó de hacerse con el personaje de Dulcamara, los otros cuatro protagonistas estuvieron a una gran altura vocal y adecuada desenvoltura dramática. Así, la timidez de Nemorino estuvo fielmente reflejada en la actuación del tenor californiano Joshua Guerrero, teniendo su momento estelar en la famosa romanza Una furtiva lagrima en la que expresó con cierto patetismo vocal su sentimiento de amoroso anhelo por Adina. Ésta, encarnada por la soprano granadina María José Moreno, fue fiel reflejo de la típica soprano-soubrette, cuajando una actuación sobresaliente dada la afinación, colocación y emisión de su voz. La marcialidad del sargento Belcore, interpretado por Massimo Cavaletti fue el exponente determinante de cómo este barítono italiano domina dicho papel, favorecido por la claridad y definición tímbrica de su voz. Por último, la joven soprano sevillana Leonor Bonilla, actuó y cantó con eficacia en la cuarta escena del segundo acto, trasluciendo su proyección como cantante llamada a tener oportunidades donde su voz pueda tener mayor lucimiento. Todos ellos se implicaron en esta fantasía lírica de Donizetti generando la paradójica y singular comicidad dramática de esta ópera que, desde una creatividad artística diferente, se sitúa con peso específico propio junto al rossiniano Barbiere, más jocoso, al más delicado Don Pasquale, y se anticipa de algún modo a la rutilante insolencia del Falstaff verdiano.

El equilibrio entre canto, música y espectáculo se dio en esta producción que tiene el aliciente de ofrecer al espectador cómo, desde unos planteamientos transmodernos, se pueden unir y fundir diversos artes, en este caso pintura y melodrama, con la cuidada osadía que supone intentarlo con un criterio respetuoso con las esencia de una ópera como L’elisir d’amore que, desde el día de su estreno en Milán en la primavera de 1832, sigue creciendo en vitalidad y frescura.

L’elisir d’amore

‘L’elisir d’amore’ de Gaetano Donizetti. María José Moreno (soprano), Joshua Guerrero (tenor), Massimo Cavaletti (barítono), Kiril Manolov (barítono) y Leonor Bonilla (soprano). Dirección de escena: Víctor García Sierra. Coro de la A.A. del Teatro de La Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director musical: Yves Abel. Teatro de la Maestranza. 16 de mayo de 2016.

José Antonio Cantón – Sevilla – 17/05/2016

http://www.elmundo.es/andalucia/sevilla/2016/05/17/573b754d268e3e20308b4687.html

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